Buscando extraterrestres en un universo con fecha de caducidad

Durante la Semana VI de la Astronomía, los estudiantes asistieron a la conferencia “Buscando extraterrestres en un universo con fecha de caducidad”, llevada a cabo el 5 de octubre a las 14:00 horas en el auditorio José Luis Comparán Elizondo, donde se abordaron los esfuerzos y métodos para buscar vida fuera de nuestro planeta.

Fotografía por: Alma Álvarez

¿Qué es la vida extraterrestre?

Para iniciar con la charla, se le definió como aquella que puede ocurrir fuera de la Tierra y que no se originó en ella. Esta posibilidad es más probable en la llamada zona habitable. Se trata de una región situada a la distancia adecuada de una estrella para que exista agua líquida en la superficie de los planetas en órbita, ofreciendo las condiciones más idóneas.

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Según la NASA, la vida se define como un sistema químico automantenido capaz de evolución darwiniana. A la hora de buscar indicios en otros mundos, la agencia se basa precisamente en esta definición.

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Un dato que despierta gran curiosidad entre quienes lo leen es que nosotros somos polvo de estrellas. La razón de este dicho es que, cuando los astros mueren, expulsan sus compuestos en todas direcciones. Liberan elementos como calcio, carbono, hierro e hidrógeno. Gracias a este proceso es posible la formación de nuevos cuerpos celestes.

Para la vida, el carbono es fundamental, ya que representa la base de las moléculas orgánicas que componen a los seres vivos. A las sustancias o elementos que brindan evidencia de la presencia de vida se les llama biofirmas. Estas huellas se buscan en cuerpos celestes que poseen las condiciones óptimas para el desarrollo biológico. Sin embargo, la búsqueda no se limita a esta evidencia.

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También se rastrean tecnofirmas. Estas corresponden a cualquier propiedad que proporcione pruebas de tecnología avanzada en el universo, es decir, la búsqueda de una civilización inteligente. Lo que se ha descubierto hasta el momento es la existencia de agua en el planeta Marte y en Europa, la luna de Júpiter. En este último satélite se encuentra un enorme océano subterráneo. Su existencia se conoció gracias a los vapores que escapan debido a la deformación continua provocada por la influencia del gran planeta gaseoso.

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